Un proyecto de

No es abuso, es violación

27/04/2018
Concentración en Sevilla

Miles de mujeres nos echamos ayer a la calle en las principales ciudades españolas para mostrar nuestro desacuerdo y nuestro estupor con la sentencia dictada por la Audiencia de Navarra en el caso de la manada, que rebaja los hechos de violación a abuso sexual, al considerar que no hubo violencia ni intimidación, y condena a cada uno de los acusados a nueve años de prisión. Fuimos miles de mujeres en decenas de ciudades las que salimos a las calle, con mucha rabia y mucho dolor, porque la sentencia cuesta entenderla.

Cuesta entender que, tal como se describen los hechos probados, se condene a los acusados por abuso y no por agresión. Porque cuesta entender que el tribunal considere que no hubo violencia ni intimidación (necesarios para considerar que fue agresión y no abuso), cuando admite como hechos probados que, al estar la víctima «en el lugar recóndito y angosto descrito, rodeada por cinco varones, de edades muy superiores y fuerte complexión», un lugar en el que ellos la habían metido, se sintió «impresionada y sin capacidad de reacción», «sintió un intenso agobio y desasosiego, que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad, determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera, manteniendo la mayor parte del tiempo los ojos cerrados».

En la sentencia se define la intimidación como «constreñimiento psicológico, consistente en la amenaza o el anuncio de un mal grave, futuro y verosímil, si la víctima no accede a participar en una determinada acción sexual». Mientras que la violencia se refiere al «empleo de cualquier medio físico para doblegar la voluntad de la víctima». El tribunal niega que hubiera intimidación, para acto seguido optar por el prevalimiento, pues «los procesados abusaron de la superioridad generada por la situación que voluntariamente habían configurado».

Pero, si los procesados precisamente abusaron de su superioridad, en una situación que ellos mismos habían creado ¿qué más era necesario para que se considerara que actuaron con intimidación? ¿Acaso no es lo suficientemente intimidatorio el estar rodeada de cinco hombres mucho mayores y fuertes en un cuartucho en el que ellos te han metido y del que no tienes posibilidad de escapar? ¿Para qué iban a usar la violencia si no la necesitaban para someterla? ¿Es que el tribunal no ha valorado lo suficiente la superioridad numérica de los acusados?

Está probado que no hubo consentimiento libre, que la víctima sintió agobio, estupor, desasosiego, que adoptó en su defensa una actitud de sometimiento y pasividad… ¿es que tenía que haber luchado? ¿cuánto tenía que haber luchado? Porque, tristemente, este caso nos recuerda al de Nagore Laffage, ocurrido hace diez años también en sanfermines, que fue asesinada a golpes por resistirse a ser violada.

Esta vez las mujeres hemos dicho basta. Estamos hartas de sentirnos desprotegidas, de ser consideradas sospechosas de mentir cuando denunciamos una agresión sexual, de que las agresiones se midan por la intensidad del daño físico que nos provoquen, y no por la falta de consentimiento. Necesitamos unas leyes que protejan la libertad sexual de las mujeres, unas leyes que establezcan lo simple: que si el sexo no es deseado, es violación.

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